Excelencias del Mar
Nunca había estado en una conservera, y nada más entrar me sorprendió su olor a limpio del Atlántico, con la marea a un palmo de las ventanas. El orgullo me salió del alma porque sus dueños, los hermanos Pita, que la convirtieron en líder absoluto del Mercado PREMIUM, para sardinas, mejillones, navajas, almejas, berberechos…, son gente de mi generosa tierra, y descendientes de su glorioso fundador, el bisabuelo que de muchacho emigró a Cuba para hacer las Américas. Setenta y cinco años después, la impresionante cosecha de CUCA asciende hoy a más de cinco mil toneladas vendidas al año.
Mi admiración fue por encontrarme ante un trabajo muy bien hecho. Los frutos del mar, que nos pone en la mesa CUCA, son de calidad superior. A excepción del atún y el calamar, que los traen formidablemente congelados desde los mejores caladeros del mundo, sus otras doce variedades –-no hay marca con tantos productos a la venta- se elaboran nada más que en fresco. Y así resplandecen al abrir la lata las campeonísimas sardinas, porque las pescan al amanecer, a dos horas de mar hasta la costa, y cuando llegan a Puerto sólo se seleccionan las que están sin apelmazar, que son algo así como la nata de la embarcación.
Todo el proceso es ágil y moderno. El aceite de la mejor oliva, la cayena, el laurel, el pimentón y la zanahoria, el tomate, el clavo…, todo es natural. De conservantes y colorantes nada de nada. Rematándolo todo, recias mujeres gallegas. Y antes de veinticuatro horas, el saludable manjar, que CUCA ya vende en lindas y cómodas latitas de dos sardinas, está listo para disfrutar.
El primor que seiscientas mujeres le ponen a su faena, en esta fábrica y en la de Cabo de Cruz, al otro lado de la Ría, es una delicia. Ver cómo le desprenden a los mejillones, uno a uno y por miles, sin mellarlos, la hebra que les sujeta a los cordeles en las bateas, me pareció increíble, casi de beatífica paciencia.
Después de observar la cachazuda maña que tienen con los bonitos, limpiando, sacando espinas y tallando sus lomos, hasta convertirlos en tacos, apretados y blancos, gloria de la vista y el paladar, entendí porqué no hay otra mujer en el mundo igual a la nuestra para andar con el mar. Trabajan como hombres, y su inteligente destreza asemeja en cadencia el paisaje amable de la Ría. Excepcional me pareció cómo se vigila, con tecnología propia, que no vaya en los berberechos ni la más chiquita mota de arena.
Del extraordinario valor saludable de estos inigualables manjares habla a continuación la prestigiosa Susana Monereo, médico endocrino. Yo sólo aporto dos detalles: una lata de sardinas nos da el calcio, y otra de berberechos el hierro, que nuestro organismo necesita para todo el día.
Como les dije a los de CUCA en este inolvidable viaje, te lo confieso a ti, que eres gente lista: será un éxito de salud, de ahorro en la cesta de la compra y de placer gastronómico, porque está buenísimo, poner de moda el bocadillo del mar. Les chifla a los críos. Como solistas de tapa o aperitivo, y en compañía de otros alimentos, estas riquísimas excelencias siempre triunfan.
Salí apabullado de felicidad, y ahora no entiendo, visto lo visto, cómo una lata de la exquisita sardina gallega puede costar menos que un café.
Manuel Torreiglesias
Director y Presentador de “Saber Vivir” (TVE)